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La participación del seleccionado nacional concluyó en el certamen mundial de fútbol, celebrado en Brasil, y su evaluación, desde mi óptica, es relevante vista desde cualquier ángulo. Una formación que se construyó al cuarto para la doce supo comportarse, en el terreno de juego, como los representativos que ya por tradición exhiben un nivel extraordinario y cuyos integrantes poseen amplía experiencia y fogueo internacional. Los jugadores mexicanos revelaron tener el mismo nivel que el de las estrellas pertenecientes a renombrados equipos internacionales, no se achicopalaron ante los hombres con mucho nombre. A nivel competitivo México ya no es una perita en dulce, bien por el cuerpo técnico y todos y cada uno de los jugadores.
Entre filtraciones y filtraciones nos informamos de las innovaciones en materia de corrupción, tanto de los gobiernos estatales como federal y los congresos en sus mismos rangos. Resulta común observar las novedades que se dan para aprovechar las posiciones políticas y/o administrativas en torno a beneficios eminentemente personales con una postura engañosa de defender los intereses colectivos.
El cinismo es de tamaños hiperdescarados, así lo confirma la encuesta ciudadana elaborada por el Instituto Nacional Electoral (INE) donde la imagen de los políticos se encuentra prácticamente en el subsuelo, debajo de la lona, en el confinamiento final de las sustancias malolientes, en el drenaje sórdido de las tajadas particulares.
En el contexto nacional hay casos que parecen espectáculos circenses como el de Oceanografía, en él resulta que no encuentran la hebra del fraude multimillonario por más de 400 millones de dólares a Banamex Citigroup y en el que Pemex fue la fuente de tales perversiones. Es bochornoso escuchar las declaraciones oficiales que más parecen de la parte defensora de los ladrones, pero su condición de empresarios y “seguramente” aportadores de “apoyos” a campañas políticas les adjudican inmunidad, impunidad e invulnerabilidad.
En el caso de los 49 niños muertos en una guardería del hermano estado de Sonora, los resultados son nimios, son un bodrio ofrendado a delincuentes aforados de “sangre azul” que ahora ostentan cargos de diputados locales y federales, así como “eficientes” funcionarios públicos. Mientras familias honestas observan como las leyes se convierten en renglones retorcidos auspiciados por autoridades que impiden sanar, terrenalmente, la ausencia física de sus seres infantes inocentes.
Ahora resulta que las llamadas reformas estructurales darán los beneficios a la ciudadanía a más tardar en 5 lustros, es decir, dentro del 25 o 30 años. Si la memoria colectiva no falla, el gobierno federal enarboló la bandera electoral de acabar con los gasolinazos, de generar empleos en forma inmediata, de extinguir los monopolios, de reducir los niveles de pobreza, de eliminar la delincuencia, entre otras tantas utopías. La realidad es que el país se encuentra en una profunda crisis económica y social, no se observan avances, por el contrario la descomposición en las instituciones es cada vez más alarmante.
La última joya de truculentas negociaciones cupulares nos la brindó una conferencia telefónica, siendo protagonistas una diputada federal y un empresario de telefonía. En dicha conversación se mostró, una vez más, el Modus Operandi para asirse de negocios a futuro a partir de la gestación de leyes en el Congreso de la Unión. Se ha desnudado toda una red de “representantes populares” que son colocados en esos espacios para consolidar negocios monopólicos o emprender nuevos.
Con todas las reformas en proceso queda de manifiesto el apetito feroz de garantizar negocios económicos y poder político, en lo último que piensan es en la población. La ciudadanía adquiere su carácter preponderante únicamente cuando se trata de emitir votos, de comprar voluntades, esa es la triste realidad de la democracia mexicana.
En Tlaxcala, la reforma político-electoral entró en un terreno de dubitativas afirmaciones y/o negaciones. Un día dicen que si habrá reforma, el otro que será escrupulosamente estudiada para no errar y al día siguiente aparece otra expresión metafórica. Lo que sí se ve y se siente es la existencia de una Congreso Local infestado de gente improvisada, de “actores políticos” que no tienen estudiados los temas a tratar, que hacen de la improvisación famélica su principal divisa. Con los dedos de una mano se pueden contar los legisladores estatales con verdaderos principios y convicciones democráticas, el resto son meros “chambistas” de la política y de la simulación democrática.