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Una semana más de malabarismos para tapar el gran escándalo del sexenio, ni más ni menos que otra intentona por encubrir el abismal precipicio de la corrupción imperante en el gobierno federal. El renovado PRI retorno al poder federal con los colmillos bien afilados, ya se está volviendo costumbre conocer el muestrario inmobiliario de los funcionarios del actual régimen, producto de insanas relaciones con empresas constructoras beneficiadas con proyectos relevantes para la infraestructura social.
Los acercamientos más próximos con la elección federal del 7 de junio del año en curso atisba las revelaciones de los malos manejos en los recursos públicos, algunos casos evidencian transparente claridad, otros obedecen a venganzas políticas y otros tantos son, sin duda, una maquinación para denostar al adversario político.
Lo cierto es que el gobierno federal no atina para desactivar la recurrente narrativa de la corrupción aderezada intensamente a la figura de la Presidencia de la República, el gran calvario iniciado por la desaparición forzada de los 43 jóvenes normalistas de Ayotzinapa se eslabonó automáticamente con los escándalos de las propiedades adquiridas a partir del tráfico de influencias, pago de favores, licitaciones virtuales, entre otros mecanismos de simulación.
El Partido Revolucionario Institucional (PRI) está claro de su enorme boquete provocado por los escándalos ya referidos, los estudios demoscópicos dan fe irrefutable de la pérdida de confianza ciudadana en esa nueva administración, que en muchas y muchos despertó esperanza pero que, en el transcurso de dos años, ha sido ubicada en el pozo de la desconfianza y el hartazgo social.
La historia de los casos de conflictos de interés parece ser de largo metraje, tal y como lo demuestra la dosificación paulatina de su presentación en medios internacionales y uno que otro nacional. Ante tal embate el presidente de la República anunció, sin aplausos del respetable, el nombramiento de Virgilio Andrade Martínez como titular de la Secretaría de la Función Pública (SFP), conminándolo para que investigue los actos de corrupción en los que “aparentemente” ha incurrido el propio presidente. Un acto verdaderamente circense, mismo que de inmediato fue recibido con enorme incredulidad y de extrema simulación ante los ojos de la mayoría de la población.
Lo que sí se aprecia es la intentona desesperada, por parte del gobierno federal, de torpedear la ráfaga de acusaciones sustentadas en pruebas documentadas y cuyo impacto ha sido letal. De ahí la reacción de revivir la ya difunta Secretaría de la Función Pública y una serie de aparentes “acciones ejecutivas” para combatir los conflictos de interés, del que sin duda él es el protagonista número UNO. Otra vez arroz volvió a recalcar que la corrupción es una cuestión cultural y de percepción pública, pero como está tan comprometido con la “transparencia” y la “rendición de cuentas” mandata emprender acciones para combatir esos fantasmas. Nada más ridículo.
Entre que son peras o son manzanas, el presidente ordenó, mediante su comando priista en la Cámara de Diputados, fincarle responsabilidades al ex Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, por los “supuestos” malos manejos de recursos federales en la línea 12 del metro. Lo anterior, debido a la sospecha de que Ebrard fue quien filtró los datos catastrales de las propiedades de la pareja presidencial asentadas en la zona metropolitana. La periodista Carmen Aristegui, responsable de la investigación periodística de la Casa Blanca, ha desmentido tal argumentación oficial. Tales acontecimientos dan pie a la confirmación de la herida profunda propinada al gobierno federal y cuyos efectos observan una severa hemorragia que lo desangra día a día.
Todavía no deglutimos el primer impacto inmobiliario cuando de pronto aparece otro destacado priista oaxaqueño, el ex gobernador de ese estado, José Murab Casab, personaje de negro pasado y cuyo retorno será con una nota vinculada al puro estilo corrupto y corruptor de ese partido. El miércoles próximo, el influyente periódico estadounidense, The New York Times exhibirá las propiedades de lujo que posee el ex gobernador en la ciudad de New York y cuya serie de reportajes se titula Towers of Secrecy (Torres de secretos). Y siguen las historias inmobiliarias del nuevo PRI.