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Fulminante cese el del director técnico de la selección nacional de futbol, Miguel “El Piojo” Herrera, todo por sus coléricas reacciones en contra de todo lo que no le favorece. De mecha muy corta resultó “El Piojo” ante eventos contrarios a sus deseos personales, no así de todos los contratos publicitarios que le redituaron jugosas bolsas económicas para su patrimonio personal, destacando la serie de cápsulas televisivas promovidas por el gobierno del estado de Chiapas afectando las finanzas públicas a costillas de las familias ubicadas como las más pobres del país.
Lo acontecido por “El Piojo” dejó muchas lecciones, entre ellas, el escrupuloso cuidado al negocio económico evitando contratiempos publicitarios contraídos con una de las televisoras, a la que por cierto pertenece el comentarista deportivo agredido por el extécnico nacional. En términos de principios morales, no se puede permitir que una figura deportiva, de la disciplina más importante en el contexto nacional, se conduzca y exprese con agresividad y ligereza meridiana a sabiendas de la enorme influencia que posee sobre amplios sectores de la sociedad.
Otro de los yerros adjudicados al extécnico de representativo nacional fue su incursión como porrista en pleno proceso electoral federal, ese Tweet en donde concitó a votar por el Partido Verde Ecologista Mexicano (PVEM) fue el principio del viacrucis de amarguras y lacerantes sufrimientos al que se sometió él y su alma.
Las calamidades todavía no concluyen para el buen “Piojo”, ahora resulta que la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (FEPADE) lo citó para declarar con relación a los Tweets políticos. Don Miguel Herrera tiene todo el derecho de simpatizar con el partido que más le atraiga, el gran problema es la relación que se hizo con el equipo de millones de mexicanos equiparable al de utilizar la figura de la Virgen Guadalupana para promover a alguna organización político-partidista.
La empiojada también le llegó al Presidente de la República Mexicana al darse a conocer su última evaluación. Entre los ciudadanos la calificación es del 64% la reprobación y del 34% la aprobación, para los líderes la reprobación es del 84% y la aprobación del 15%, ambos parámetros son los efectos devastadores que provocó el escape de “El Chapo” Guzmán. Adicional a la fuga del capo de capos mexicano, se le incorpora el pésimo manejo de la economía mexicana y cuyo referente es el costo del dólar que se disparó hasta los casi 17 pesos por cada billete verde. El último reporte de la pobreza en México es confirmado por los datos duros que arrojan los indicadores macroeconómicos y microeconómicos, un verdadero caos ha resultado el presente Gobierno Federal en la implementación de su política económica y de ahí la peor calificación obtenida por el priismo.
Los legisladores locales también sufrieron la plaga de piojos, con eso de la rebatinga protagonizada para quitar y poner a nuevos personajes en varias comisiones que integran la estructura orgánica de ese poder. Un espectáculo circense ocurrió con la mayoría de diputados locales, tratando de echarse a la buchaca la mayor cantidad de migajas de poder sin importarles los desfiguros churriguerescos que han quedado registrados por los siglos de los siglos. Atrás, pero muy atrás quedaron los desplantes democráticos, ideológicos, paternalistas y desgarradores que varios diputados pregonaban en sus tiempos de candidat@s, ahora lo suyo es el vil mercenarismo para acumular lo más que se pueda en términos de poder y de lana. Nuevamente se comprueba la ausencia de ideología política-partidista, imperando el cobre y la autocomplacencia del glamour escénico.
Afortunadamente existen todavía liderazgos políticos y sociales muy apegados a la filosofía del bienestar común y próximos los relevos en los poderes Ejecutivo y Legislativo, así como de las presidencias municipales y de comunidad es un hecho, ante la baratija ofertada por la mayoría de los políticos en turno, la irrupción de un nuevo orden político, económico y social para 2016. Tlaxcala y los tlaxcaltecas no podemos dejar pasar tan memorable oportunidad.