OPINIÓN

Razones para no invertir en Tlaxcala

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Martes, Septiembre 22, 2015

Imagine estimado lector, que es usted dueño de una empresa con presencia otros países: Estados Unidos, Sudamérica, China, o de la misma comunidad Europea; y piensa, como cualquier capitalista, ampliar su mercado.

¿Que pediría usted, como condición mínima, para apostar su dinero en un lugar como Tlaxcala?

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Consideraría, me imagino, una y cien variables, por ejemplo, revisar el proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación del año que viene, y de entrada, trataría de entender los porqués de la disminución para inversión en el Estado.

O lejos de preguntar la suficiencia de agua, podría también distraer su atención pensando que China, por ejemplo, ha invertido en el resto de la República Mexicana un capital estimado que supera los 500 millones de dólares (la calculadora marca algo así como 8,500 millones de pesos), y que, entre otros rubros, fueron en el ramo textil, es decir, inversiones que operan en contra de nuestra escasa economía local. ¿Cómo competir ante eso?

Entonces, seguro estoy, le saltaría otra duda: ¿Es Tlaxcala es una entidad competitiva? Y se volvería a preguntar, frente a los números macros: ¿cuántos centavos aporta esta pequeña entidad, por cada peso puesto por su federación?

Ya de paso, después de revisar la indiscutible ubicación geográfica de este pedacito de patria, respecto al flujo de mercancías, le llegaría al oído otro Pepe grillo: ¿Cuánto logra captar aquella fuerza indomable (que, según su himno, sueña con un futuro esplendoroso) y que jamás pudo dominar el imperio azteca, captar de regreso, respecto de otras entidades?

Es cierto, Tlaxcala necesita inversiones de fuera para potenciar la economía; pero, ¿por qué tendrían que invertir aquí? ¿Qué les podemos ofrecer, además de extensiones fiscales o una pizca de terreno para montar sus naves industriales? O ¿Por qué nunca hemos resultado atractivos para los inversionistas de la comunidad mundial, aún con los miserables sueldos que podrían pagar legalmente a nuestros paisanos? ¿En qué está fallando Tlaxcala? ¿Somos tan malos trabajadores o nos persigue el fantasma que espanta a la confianza?

Usted mismo, como promotor de la inversión, voltearía obligadamente hacia Latinoamérica y le reclamaría a su broker (asesor financiero): ¿Qué le dio una comunidad de Brasil al monstruo oriental (China), para que haya decidido, de pronto, firmar un acuerdo por 53,000 millones de dólares para impulsar la economía de aquel sitio y no el nuestro?

¿Por qué en otros lados y no aquí, empresas  involucradas en la oferta de trenes de alta velocidad se fijan en Querétaro, en Puebla, en el Estado de México y no en Tlaxcala para poner sus centavos y permitirnos crecer como opción? ¿Por qué han desperdiciado tanto tiempo sin explotar el turismo cultural o religioso esta gente, con tantas cosas construidas abajo de ellos? Seguro estoy, sería otra más de sus angustias.

Y si ya estuviera decidido en confiar su lana en uno de los estados más legendarios, históricamente hablando, le volverían las dudas: ¿Suspendería sus operaciones por cuestiones de inseguridad? ¿Sabría usted adivinar si los gobiernos federal, estatal y municipales, ofrecen mecanismos claros para salvaguardar la seguridad de su empresa? ¿Estaría a salvo de los malosos, de evitar ser plagiado? ¿Le confiaría su negocio a nuestros policías?

¿Qué haría usted, como dueño de un capital importante, ante la pérdida de competencia, a la hora que se compren sus productos en pesos mexicanos, ante la depreciación de nuestro peso contra el dólar?

Y si usted jugara del lado del gobierno, ¿cómo convencería a empresarios, como usted, si sabe que también la devaluación es el momento indicado, según los expertos, para invertirle a ganar ganar?

Y ya instalado, ¿Pagaría usted las bases de alguna licitación, a sabiendas que es muy complicado ganar por la buena?

Y ya con unos cafés cargados doblemente, cierto estoy, recordaría: ¿Y qué con la reforma energética? ¿Qué tendría que suceder, para tener, como empresario, la confianza en que podría invertir en proyectos grandes, en ese rubro, en un Estado tan cerca de otras refinerías? ¿Cómo aprovecho la ubicación geográfica de este pueblo, parecido a Bosnia en los pleitos políticos, pero también a una playa virgen, digna de ser explotada al máximo?

Alguna persona que sabe de esto, dijo que la clave de los grandes inversionistas, es el desconocimiento de la cultura mexicana, (entre otras cosas porque los interlocutores que mandamos carecen de entender otros idiomas), por lo que al momento de querer vendernos como una excelente opción, acabamos espantándolos.

Quizá, ese sería el trabajo de inicio y de oficio. Digo, tampoco se trata de descubrir el agua tibia.

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