Miércoles, Diciembre 2, 2015
"El hombre es esclavo de sus palabras y dueño de su silencio": Aristóteles.
El 31 de enero de 2012, aparecieron reproducidos una serie de textos (incluidos los medios donde se publica esta colaboración); se trataba pues, ni más ni menos, que una serie de compromisos asumidos en tierras tlaxcaltecas, por el entonces candidato virtual a la presidencia de la República, hoy, responsable de guiar el destino de todos los mexicanos.
Los medios de comunicación fueron, pues, testigos canalizadores (y catalizadores también), frente la sociedad sobre dicha propaganda política. Hoy, a tres años de distancia, y más que por morbo y por incomodar, se los recuerdo re leyendo dichas publicaciones, para refrescar aquellos días donde se debatía cambiar el futuro de este país:
A) "... esta, no puede ser una elección para hacer un cambio de gobierno sino de rumbo..."
B) "... nos hemos preparado, (sic) para ser una opción de cambio, para hacer y construir una nueva alternancia que le depare a México un mejor porvenir..."
C) "... o seguimos como estamos o construimos un camino que le dé a México (Tlaxcala en medio) un mejor futuro...", exclamaba el entonces aspirante.
D) "...queremos reactivar la economía, queremos lograr que nuestro combate a la inseguridad sea posible si generamos más empleo para todos los mexicanos..." (de las frases más comprometedoras.
F) Ante cientos de paisanos (acarreados o no), allá en el municipio de Apizaco sentenciaba: "... quiero comprometerme con Tlaxcala, quiero cumplirle a Tlaxcala y quiero cumplirle a México..." (Palabras contundentes y enterradoras).
Semanas después, ya como candidato, se registraron ante un fedatario público (y ante el propio IFE) 266 compromisos de campaña a cumplir durante su mandato. Hoy, usted y los números duros tienen la última palabra.
Es cierto, el presidente recibió un país lleno de violencia en buena parte del país, con una desigualdad social de 100 años de espera, pero también, se comprometió ante los millones de espectadores cambiar nuestro futuro, a través de sus cinco ejes de gobierno plasmados también en su Plan Nacional que atraviesa la mitad del puente.
El eje más poderoso, el que habla sobre "México en Paz", tan solo durante el sexenio que será recordado en la historia como el de la guerra sin rumbo ni estrategia (Calderón) se registraron algo así como 37 mil homicidios dolosos durante los tres primeros años de gobierno. Hoy, la política de seguridad de quien firmó ante muchos de ustedes, como testigos, lleva registradas cerca de 53 mil muertes violentas. Ni los pobres se acabaron ni el empleo creció ni el dólar se mantuvo firme ni combustible bajó; el Ejército y la Marina siguen en las calles (cosa que tampoco cumplida) y resulta que tenemos la poco honrosa cifra del 69% de más muertes derivadas de la misma guerra (nomas que no declarada) vs el crimen organizado. De las detenciones arbitrarias del mismo México que ha llevado los tratados internacionales a rango constitucional y firmado un sinnúmero de tratados, en el mismo periodo, mejor ni hablamos.
Hoy, tres años después, parafraseando al periodista Riva Palacio, lo único que ha cambiado "es el fraseo en su discurso" pues, ciertamente, ha dejado aquellas frases que dirigía a todo aquel que pensaba distinto de el, lo declaraba su peor enemigo o simplemente "porque no quieren a México" (no se ría si le recuerda algo); hoy, los comunicados oficiales vienen tratando de "mover a México" ante quienes se atreven a comprobar que esas promesas dictadas en campaña (asumidas en esta misma entidad federativa) sirven para echar en cara el decepcionante desempeño de un joven que nos fue vendido como el gran mesías. ¿Y sabe por qué el cambio del discurso? Pues porque no piensan (ni pueden) ni pretenden desmentir las mismas cifras que los organismos internacionales tienen registradas junto a sus mismos detractores.
Sirva el breve ejercicio de los compromisos de campaña vs la realidad que viven los millones de mexicanos como corte de caja de lo que se dirá en esta misma entidad, en unos cuantos meses, cuando suceda el inevitable cambio de poderes. Finalmente, no está tan lejano seguir aquella moda de "la mediatización de lo podrido".