.
Miércoles, Diciembre 9, 2015
Querido Santa:
Confieso que no he sido el mejor de los humanos pero espero me puedas cumplir, que Tlaxcala, para la gubernatura que viene, no tenga que elegir entre una dictadura y una serie de ocurrencias.
Lo digo con el mejor de los deseos, y en clara referencia a los o las aspirantes a dirigir este Estado, respectivamente. Seguro está que la habilidad, el conocimiento tácito, y la sensibilidad (más que la agresión) serán determinantes a la hora de mostrar de qué están hechos cada uno de ellos (as).
Respecto de alguno (a), quien se le nota lejos en las encuestas, por ejemplo, se muestra contrariado (a) porque la gente habrá de darle su venía por el hecho ser hijo (a) de los últimos dictadores que ha tenido Tlaxcala.
Otro (a) cualquiera, basa su estrategia en una sola persona, de oficio en la mercadotecnia, esperando que subir al menos 20 puntos en 3 meses, baste para tener el apoyo de un amplio sector de la población que le garantice el triunfo.
Sin olvidar que, hay candidatos (as), que seguros de la trascendencia familiar, le apuestan a la seguridad que genera su sangre para generar la confianza que su trabajo y propuesta sean determinantes. El chiste es llegar.
Ahora que, si usted es fan de la dislexia corporal y académica, siempre habrá muchachos ganosos, que tratarán de ganarse el reconocimiento de quien los engendró políticamente, y de usted mismo, y es en serio, "¡si el candidato pide regueton, pues dale"!
O bien, que la equidad no sea un impedimento para ser candidato, por el simple hecho de darle continuidad a agujero negro que creó en la propaganda una nueva realidad; entre candidatos y candidatas, siempre habrá un tercero que tenga como máximo logro ser el elegido; si, como en aquella frase de ser "el orgullo del más sublime nepotismo".
Para rematar, habrá que honrar a la estridencia como método infalible para tratar ganar votos remembrando un pasado que nunca volverá a repetirse, no importando el contenido, el proyecto que Tlaxcala necesita, no importando la coherencia ni la lealtad a nadie, el chiste es, que "haiga sido como haiga sido", por lo menos sea candidato (a), para justificar su existencia.
Pareciera que los herederos de Xicohtencatl se han olvidado que las dictaduras (o las ocurrencias) se asientan, por dejar de hacer lo que hicimos durante décadas frente al nada caballeroso imperio Azteca: no someterse ante nadie.
Las encuestas, sobre todo las pagadas, no hacen más que concientizarnos sobre la prisa del líder o la líder con sed de cautivar a las masas mediante el engaño, discursos planos y sin sentido, más que en los números duros y en un plan rector de gobierno serio para esta entidad que avanza con la vertiginosidad de un caracol del panteón. No hay una sola propuesta clara en la mesa. Queda claro que lo importante es llegar, más no trascender en la historia.
Lo cierto, es que a pesar del nubarrón, se antoja que en seis meses la competencia se centre en no más de 3 personas en concentrar suficientes votos para rebasar la frontera de los ciento cincuenta mil votos en la jornada electoral para hablar de cosas serias.
Lo peor sería, que al final, sea quien sea, lleguemos a cambiar de rumbo para seguir igual de desorientados.