OPINIÓN

Simpatizantes vs fanáticos

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Miércoles, Enero 13, 2016

Que conste que el racismo, la discriminación y los estereotipos, cohabitan en nuestro mundo oriental y occidental, pero ello no justifica su existencia.

Seguramente siempre habrá gente así, pero la solución no reside en rastrear en el ADN de las personas, la más mínima molécula de racismo e intolerancia hacia su mismo prójimo, se trata de impedir que estos pensamientos mediocres, banales y estúpidos, traten de reivindicar su "derecho" a expresar su odio. Dicho en palabras de Freud, sacar a lustre sus más bajos deseos reprimidos.

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En Tlaxcala, con motivo del proceso electoral local, la interacción de personas denostativas, intolerables al libre pensamiento, en dos puntos y aparte: discriminatorios y racistas, está a la orden del día.

¿Eso es grave para la democracia? Yo pienso que si, pues el discurso, el intercambio de ideas, el planteamiento del proyecto de gobierno que Tlaxcala merece en cada rincón de sus municipios, se va directo al caño por culpa de ellos. Peor aún, cuando el líder (o la líder) del grupo político X, Y ó Z, se dirige a sus seguidores enquistados en el sector más bajo de la especie humana llamados: PENDEJOS y OJETES, diciéndoles "adelante muchachos dense con todo" ¿qué cree usted que hacen estos pendejos y ojetes? Pues fácil, se ponen a decirse entre sí, públicamente, lo que comúnmente se decía en las cantinas, con los vasos y el cuerpo, hasta el tope de alcohol.

El mensaje racista e intolerante de un grupo a otro, llámese panista, priísta, perredista (y de peores especies), que antes se quedaba en las mesas de tugurio de quinta, ha salido a las calles, ha irrigado a medios de comunicación y se ha impregnado, desgraciadamente, en los grupos políticos, con los propios políticos, y ha logrado, de paso, llenar de majada discursiva las cañerías de las redes sociales.

La verdadera víctima de esta situación es Tlaxcala. No es casual que llevemos lustros de retraso por este tipo de actitudes, sobre todo de quienes aspiran a integrar equipos para gobernar y ocupar una silla y una computadora, financiada con dinero público, para seguir con ese círculo virtuoso de la podredumbre humana.

Los militantes, simpatizantes, seguidores, y en algunos casos, adoradores radicales de la clase política, tratan de imponer a sus aspirantes, por una forma tan grotesca y vulgar, que por un momento olvidan que la labor de los señores políticos, dicho sea de paso, permitirnos saber de qué están hechos, buenos para qué son, y cuáles son sus propuestas concretas para sacar a este histórico pueblo de la miseria en que vive.

¿Ha escuchado usted, estimado lector, un solo proyecto que concreté o atañe a su trabajo o que se relacione a su actividad diaria, que bien valga la pena escuchar y valorar? No se apresure, su servidor tampoco.

La crítica no es mala pero es bien fácil cruzar su frontera. Los activistas, lejos de ser practicantes de un discurso rico en ideales, está lleno de odio y todavía mueren cínicamente de risa, aún con sus limitadas frases mal escritas. Si eso los manda hacer su líder, sabremos muy pronto, de qué estará hecha cada propuesta política.

Los racistas, paleros y mediocres, de la actividad política, son, en concreto, una especie humana cuya cúspide es dirigida por otros pendejos y ojetes que bien merecen el exterminio total. ¿A poco no?

 

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