OPINIÓN

Lorena: la operación de Estado

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Martes, Junio 16, 2026

Quien durante años denunció el uso del poder para construir candidaturas, controlar estructuras y fabricar respaldos ciudadanos, hoy se comporta de la misma manera. La gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros tendría la obligación ética de demostrar que no llegó para repetir las mismas prácticas que sufrió con otros colores. Pero no lo hace. 

Ahora, en Tlaxcala hay una clara y abierta disputa interna por la definición de la candidatura de Morena rumbo al 2027. Pero lo que debería ser una competencia basada en la trayectoria, el reconocimiento ciudadano y la capacidad de representar un proyecto, se ha convertido en una vieja batalla de estructuras y operadores por parte del grupo en el poder.

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Existe toda una operación para posicionar la imagen del alcalde de Tlaxcala, Alfonso Sánchez García, ahora mediante un esquema de llamadas telefónicas, difusión de contenidos digitales y movilización de estructuras. Versiones provenientes de pobladores de la comunidad de Tepehitec, ya denuncian la instalación de un equipo de operación en esa localidad, con participación de personal vinculado al ayuntamiento y bases de datos telefónicas de los 60 municipios del estado.

Si estos señalamientos son ciertos, no estaríamos frente a una simple estrategia de comunicación política. Estaríamos frente a algo mucho más grave, que es la agudización de la utilización de herramientas institucionales y recursos de estructura para intentar construir desde arriba una candidatura que debería surgir desde abajo.

Esa es la diferencia entre la vieja política y la transformación que Morena prometió representar. La vieja política apostaba por el control desde posiciones de poder. Por hacer creer que la gente apoya aquello previamente se había decidido en oficinas privadas. 

El problema no es que Alfonso Sánchez García quiera competir. Está en su derecho. El problema es que una aspiración legítima pierde credibilidad cuando se apoya en mecanismos que se parecen al pasado y no al movimiento que dice representar. Desde Tepehitec se desarrolla una estrategia de llamadas telefónicas donde se plantean preguntas orientadas a reforzar una imagen positiva del alcalde, destacando supuestos atributos como su cercanía con la gente, su relación con la presidenta Claudia Sheinbaum y su trayectoria política familiar.

Si ese proyecto político tiene realmente respaldo ciudadano, ¿por qué necesita fabricar percepción? La política no se gana repitiendo que alguien es cercano al pueblo ni tampoco se promociona. Se demuestra. Se construye caminando comunidades, escuchando demandas y enfrentando problemas reales.

Ejemplo de las viejas prácticas es la organización, este miércoles, de una movilización con trabajadores sindicalizados y actores públicos para mostrar respaldo político. Será una práctica profundamente contradictoria con los principios que Morena defiende. No hay transformación posible cuando los trabajadores públicos son convertidos en una fuerza de presión política. Tampoco hay democracia interna cuando la estructura gubernamental sustituye a la voluntad ciudadana.

El debate, con este tipo de prácticas, es qué tipo de Morena quiere existir en Tlaxcala: un Morena que escuche al pueblo o un Morena que reproduzca las viejas formas de control político. Alfonso Sánchez García debe tener presente que el mayor riesgo para su movimiento político no viene de sus adversarios, sino de sí mismo al olvidar las razones por las que dice ser respaldado.

La ciudadanía tlaxcalteca no cambió una clase política para ver cómo se reconstruían los mismos métodos con nuevos protagonistas. Si quiere conservar autoridad moral, debe empezar por aplicar principios. Principios que, sin embargo, el grupo en el poder no parece tener.

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