OPINIÓN

Beatriz, la mano que mueve los hilos (Parte 2 de 2)

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Viernes, Agosto 14, 2026

Beatriz Paredes, efectivamente, ha decidido intervenir en favor de Alfonso Sánchez García. E3so es una paradoja política extraordinaria, sobre todo porque es una de las figuras históricas del priismo tlaxcalteca, quien ahora participa, desde fuera, en la definición de la candidatura de Morena al gobierno estatal.

Sin embargo, el hecho no sorprende demasiado. Los adversarios de ayer pueden convertirse en aliados de hoy cuando existe un objetivo común. Y en este caso, ese objetivo es evitar que Ana Lilia Rivera llegue a Palacio de Gobierno. No es menor.

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Lo que ha demostrado la historia política de Tlaxcala es que las élites no siempre compiten entre ellas. En ocasiones, se reconocen, se necesitan y se protegen. Por eso conviene observar más allá de las fotografías oficiales, de los discursos partidistas y de las encuestas.

Sobre todo, porque mientras Morena habla de transformación, hay quienes trabajan para conservar viejas formas de hacer política dentro de la propia transformación. Es el caso de la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros y de Alfonso Sánchez García. 

¿Cuál es el riesgo? Que Morena termine convirtiéndose en aquello que durante años combatió. Que las decisiones se tomen en mesas cerradas. Que las candidaturas se definan mediante acuerdos de grupos. Que el poder se transfiera entre élites con independencia de las siglas. Que el pueblo sea convocado solamente para votar por decisiones que otros ya tomaron.

Eso sería particularmente grave en Tlaxcala, pues la Cuarta Transformación llegó a este estado con la promesa de romper precisamente con esas prácticas. Por eso hay que preguntar para qué se reunieron la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros, los ex gobernadores Héctor Ortiz Ortiz y Marco Antonio Mena Rodríguez, con Alfonso Sánchez García. Y, sobre todo, quién tomó la decisión de sentarlos en la misma mesa.

Beatriz Paredes estaría haciendo nuevamente lo que ya hizo en otras coyunturas: intervenir políticamente para favorecer a un personaje y cerrar el paso a otro. La diferencia es que esta vez no está jugando dentro de su partido el PRI, y que el PAN de 2010 no es Morena.

Sin embargo, lo que sí intenta es influir en Morena con toda la apertura de la gobernadora Lorena Cuéllar, lo cual obliga a una reflexión profunda.

La verdadera disputa rumbo a 2027 no será solamente entre aspirantes, sino entre dos maneras de entender el poder: una que concibe la política como negociación entre grupos, acuerdos cupulares y control de estructuras; otra que sostiene que las decisiones deben regresar al territorio, a la militancia y a la ciudadanía.

En ese escenario, Ana Lilia Rivera se convierte en algo más que una aspirante. Se convierte en un obstáculo para quienes pretenden seguir haciendo política como antes. Y quizá por eso comienzan a aparecer, una y otra vez, las manos que mueven los hilos, las de Beatriz Paredes. De las y los tlaxcaltecas dependerá si esas manos consiguen imponer su voluntad.

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